El misterio de la leche en el café

Por Olga Cid

Hagamos un pequeño experimento. En un vaso con agua, echamos unas gotas de leche. Ahora intentemos describir lo que hemos visto: se forma una nube que rebota contra el fondo del vaso y se expande. Si lo repetimos, ¿la otra nube se formará igual? A grandes rasgos, sí, pero si intentamos describir en detalle lo que ocurre, veremos que en realidad es un proceso caótico, que la nube de leche toma formas distintas cada vez y que es imposible prever qué aspecto tendrá la próxima vez.

Imagen: Pixabay

En principio, a cualquiera le resulta inmediato distinguir entre un líquido y un sólido: el café con leche es líquido, un pedrusco es (muy) sólido. Lo curioso es que esta diferencia a veces no está tan clara, como sabe cualquiera que se haya lanzado de panza a una piscina: el impacto duele como si el agua fuera sólida. En Física, a los líquidos y gases se les llama fluidos, y eso engloba el agua, el café con leche, las natilllas y el aire. Y lo que pasa en el aire nos interesa a todos, porque queremos saber si mañana nevará o hará viento.

Gracias al experimento del vaso de agua, ya podemos apreciar lo difícil que ha de ser predecir lo que va a pasar en la atmósfera. De hecho, es tan difícil que las ecuaciones que rigen el fenómeno, denominadas ecuaciones de Navier-Stokes por los nombres de sus descubridores, no tienen solución. Tanto es así, que a principios de siglo el Instituto de Matemáticas Clay las propuso como uno de los siete problemas matemáticos del milenio, añadiendo un premio de un millón de dólares a quien lo resuelva. Por supuesto, nadie ha podido todavía reclamar el dinero.

Además de ocuparse de los fenómenos atmosféricos, la Física de Fluidos atiende a las corrientes marinas, a la forma en que se expande el calor a partir de una estufa, al desarrollo de las nubes tóxicas que escapan de las chimeneas industriales, a las turbulencias que se forman tras los motores a reacción, a la manera en que la sangre pasa a través de las válvulas cardíacas y a millones de fenómenos más. Así que mañana, cuando te sirvas tu café con leche, piensa que en esa taza que sujetas en tus manos hay todo un cosmos.